El coronavirus en África: experiencia en Ruanda - Ortodoncia Ortega

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Recientemente, como muchos de mis pacientes sabéis, he estado en un viaje de cooperación con mi ONG DentalCoop, trabajando en Ruanda.

He podido trabajar más concretamente en la región de Rutsiro, en el Hospital de Pediatrie de Murunda. Salí de España el día 5 de marzo, y tras un largo viaje, con escalas en Ámsterdam, Estambul y Entebbe por fin ya llegué a Kigali, la capital de Ruanda.

Allí, por motivos ajenos a mí, (ciertos problemas con mi material médico y con las autoridades) tuve que hacer noche y retomar el viaje al día siguiente. Por fin, tras más de medio día de viaje por carreteras más o menos buenas llegué a mi destino final, una región rural montañosa de Murunda, en el distrito de Rutsiro.

A la mañana siguiente pude empezar a trabajar en el Hospital de Murunda, donde he podido atender a una gran multitud de pacientes. Realizando extracciones dentales en la mayoría de los casos, junto con Baltasar, el “dentista” del hospital.

 

Ruanda como país

Para mi grata sorpresa, aunque ya iba avisado de ello, la apariencia que muestra Ruanda al viajero occidental es de un país en pleno desarrollo, con un avanzado proyecto de infraestructuras, canalización de agua, carreteras y escuelas. Se trata de un país con un progreso mucho más palpable respecto a otras naciones que he visitado recientemente como: Uganda, Kenia, Guinea, Ghana, Camerún, Gambia…etc. Por otro lado, el Hospital donde he realizado mi labor de cooperación, es sin duda el mejor de todos los que he podido visitar en África, al igual que el Hospital de Kigali.

En cuanto a la seguridad, los medios de comunicación no mienten al decir que Ruanda es uno de los países más seguros de África y tras mi vivencia puedo corroborarlo.

Ruanda es un pequeño país montañoso que ha sabido sobreponerse al fatídico genocidio de 1994, donde cerca de un millón de personas fueron masacradas; a día de hoy todavía se discute si fue con el beneplácito del “primer mundo” ya que la postura adoptada por las autoridades occidentales no fue rápida ni contundente. Me reservo mis opiniones y críticas sobre el papel que jugaron en los hechos ciertos países como Francia, Bélgica o EEUU. Los habitantes del país han sabido sobreponerse a las adversidades y marcar un nuevo comienzo basado en un crecimiento que sobrepasa la media de los países limítrofes.

La economía ruandesa se nutre principalmente de la agricultura y del turismo de “lujo” de sus parques nacionales, donde extranjeros de todo el mundo pagan precios desorbitados (hasta mil dólares por persona y día) para ver al animal estrella del país, el gorila.

Las tasas de crecimiento, el plan de infraestructuras (carreteras, hospitales y escuelas) o la propia economía de la gente, avalan el progreso del país.

 

No es oro todo lo que reluce

Pero ojo, como cita el viejo dicho “no es oro todo lo que reluce” o mejor dicho no es oro todo lo que se ve, ya que hay mucho de fachada en todo el sistema… Prueba de ello es que la zona donde realicé mi cooperación, que se encuentra alejada de los turistas extranjeros, es un buen ejemplo de lo que me refiero. Ya que se muestra tal y como es, un país más del inmenso continente africano, pobre y con necesidad. Puesto que, aunque crezcan más que sus vecinos, también existe la malnutrición, un acceso muy restringido a la educación superior o un menosprecio de la vida humana, ya que parece menos valiosa que en el “primer mundo”.

Dicho esto, continúo con mi narración.

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El coronavirus en Ruanda

Los días de trabajo fueron pasando y con ellos llegaban las noticias del temido y anunciado avance del coronavirus por Europa y, más concretamente, por España.

Me ahorraré contaros la tortuosa experiencia que fue el regreso a España, con llamadas constantes a cónsules y embajadas, incertidumbre, discusiones y angustia, pues considero que no son relevantes para lo que quiero transmitir.

En cuanto al tema estrella en los medios, saco en claro que tras las conversaciones con cooperantes colegas en el país y vivencias propias, os puedo asegurar que las tasas de expansión y mortalidad de la enfermedad no son las oficiales. En un continente con escasos recursos, con informaciones limitadas y sesgadas y con una población mayoritariamente rural que muere en sus casas, es muy difícil mostrar datos certeros. Mi impresión es que allí este desgraciado virus está muy presente, por lo que pido que no nos olvidemos de la cooperación con el que nosotros, “el primer mundo”, llamamos “tercer mundo”, ego exacerbado nuestro…

Sólo espero y de ahí mi blog de hoy que, tras todos estos meses de angustia, dolor y confinamiento, no se nos olvide y no demos de nuevo la espalda a los que más nos necesitan. Y pese a la futura crisis económica de proporciones inimaginables que se nos viene encima, no justifiquemos el volver a dejarlos tirados, a ellos, nuestros hermanos y hermanas que más ayuda merecen.

#ÁfricaNoEsUnLaboratorio